Liturgia

  • 20 SEPTIEMBRE 2026. ARTE Y LITURGIA

    20 SEPTIEMBRE 2026. ARTE Y LITURGIA

    DOMINGO XXV TIEMPO ORDINARIO

    EVANGELIO MATEO 20, 1-16

    En aquel tiempo, dijo Jesús a sus discípulos esta parábola:

    El Reino de los Cielos se parece a un propietario que al amanecer salió a contratar jornaleros para su viña. Después de ajustarse con ellos en un denario por jornada, los mandó a la viña.

    Salió otra vez a media mañana, vio a otros que estaban en la plaza sin trabajo, y les dijo: «Id también vosotros a mi viña, y os pagaré lo debido.» Ellos fueron.

    Salió de nuevo hacia mediodía y a media tarde e hizo lo mismo.

    Salió al caer la tarde y encontró a otros, parados, y les dijo: «¿Cómo es que estáis aquí el día entero sin trabajar?» Le respondieron: «Nadie nos ha contratado.» Él les dijo: «Id también vosotros a mi viña.»

    Cuando oscureció, el dueño de la viña dijo al capataz: «Llama a los jornaleros y págales el jornal, empezando por los últimos y acabando por los primeros.»

    Vinieron los del atardecer y recibieron un denario cada uno.

    Cuando llegaron los primeros, pensaban que recibirían más, pero ellos también recibieron un denario cada uno. Entonces se pusieron a protestar contra el amo: «Estos últimos han trabajado sólo una hora, y los has tratado igual que a nosotros, que hemos aguantado el peso del día y el bochorno.» Él replicó a uno de ellos: «Amigo, no te hago ninguna injusticia. ¿No nos ajustamos en un denario? Toma lo tuyo y vete. Quiero darle a este último igual que a ti. ¿Es que no tengo libertad para hacer lo que quiera en mis asuntos? ¿O vas a tener tú envidia porque yo soy bueno?»

    Así, los últimos serán los primeros y los primeros los últimos.

    PARÁBOLA DE LOS TRABAJADORES DE LA VIÑA REMBRANDT 

    El evangelio no habla de justicia distributiva. Esta justicia distributiva, al modo humano, tal vez nos deja insatisfechos al comparar esfuerzo, resultados, proporciones. La justicia de Dios es dar a cada persona lo que necesita, desde su inmensa esplendidez.

    Nosotros, seguidores de Jesús, estamos agradecidos de tener por “amo” al Padre Dios que nos entrega innumerables dones desde su liberalidad desbordada. Que nos entrega la libertad de construir el mundo para el progreso de todas las personas, de construir generosamente igualdad y paz.

    Para acompañar la liturgia de este domingo, propongo como pintura “PARÁBOLA DE LOS TRABAJADORES DE LA VIÑA” de REMBRANDT (Leiden 1606 – Amsterdam, 4 de octubre 1669) pintura del año 1637 según consta en su firma de la parte baja derecha del cuadro que se conserva en el MUSEO HERMITAGE de SAN PERTERSBURGO.

    La escena que nos ofrece el pintor corresponde al momento en que está dando la paga a los empleados que han ido a trabajar a la viña a distintas horas del día; cuando esperan una paga mayor los que fueron a primera hora, se encuentran con que la recompensa es para todos igual. La luz del atardecer entra por las vidrieras de la amplia sala, más que adornada, ocupada por multitud de libros y otros enseres de utilidad pedagógica y lúdica.

    En el cuadro destaca la presencia solemne del dueño de las viñas en torno al que se agrupan los trabajadores de la viña recibiendo su jornal, también encontramos otros tres trabajadores que están apilando toneles de vino hacia uno de los extremos de la sala. Un gato juega acaso a perseguir a un ratón y un perro reposa sobre el suelo en un escalón donde el autor ha puesto la firma y la fecha de la autoría del cuadro que nos ocupa.

    Acaso el perro y el gato son el compendio de la serenidad sosegada y del afán inquieto en que los humanos nos movemos constantemente. Tal se puede expresar en los rostros de los trabajadores que están recibiendo su salario, unos cuentan el dinero recibido y acaso lo comparan, otros se muestran inquietos y dubitativos ante el dinero que van a recibir.

    Rembrandt describe los retratos con seguridad y decisión en una composición escénica del conjunto que permite al espectador adentrarse en la escena y participar del movimiento y de la conversación que parecen tener los personajes pintados. Pero ved, como en los expresivos rostros que nos muestra este magnífico pintor holandés, parece que se va a producir un movimiento expresivo, un semblante distinto cada vez que miramos la escena, de modo que el movimiento no se produce solamente por el entramado de luz, color, distribución de la escena, sino además por el estado de ánimo que aflora a los rostros.

    Rembrandt pinta con una fuerza expresiva tal que parece que podamos tocar sus figuras, darles una cierta forma a nuestro gusto, moldear movimientos, conversar con los diferentes personajes de esta escena del pago del sueldo a los trabajadores de la viña.

    Javier Agra.

     


    Javier Agra.

  • 4 JUNIO 2023 SANTÍSIMA TRINIDAD

    4 JUNIO 2023 SANTÍSIMA TRINIDAD

    EVANGELIO JUAN 3, 16-18

    Tanto amó Dios al mundo, que entregó a su Unigénito, para que todo el que cree en él no perezca, sino que tenga vida eterna. Porque Dios no envió a su Hijo al mundo para juzgar al mundo, sino para que el mundo se salve por él.
    El que cree en él no será juzgado; el que no cree ya está juzgado, porque no ha creído en el nombre del Unigénito de Dios.

    SANTÍSIMA TRINIDAD  VERMEYEN

    A lo largo de los diferentes libros de la Biblia encontramos numerosas muestras del amor de Dios a la naturaleza entera, “Amas a todos los seres…” Sabiduría 11, 24; el pasaje del evangelio de Juan que leemos este domingo se refiere especialmente al amor por las personas y su mundo más concreto y cotidiano, por quienes entregó a Jesús hasta las últimas consecuencias, a su Hijo Único, como ya había anticipado con Isaac, según narra Génesis 22, 2 – 16.

    Jesús ha llegado a las personas para que todos nos podamos salvar por medio de Él; quien se cierra a este don del amor, ya está juzgándose él mismo porque el amor es crítico y discierne entre creyentes y no creyentes. Recordamos el pasaje de Juan 12, 46 – 48 donde Jesús habla de la luz y quienes la siguen o no la siguen.   El evangelio continúa con este tema en los siguientes versículos, que hoy no proclamamos.

    En la segunda lectura de este domingo, segunda carta de Pablo a los Corintios, leemos una síntesis del amor y también la bendición en la Santísima Trinidad que ha pasado a formar parte de la liturgia.

    Para acompañar a la liturgia de este domingo, propongo la pintura “SANTÍSIMA TRINIDAD” de JAN CORNELIS VERMEYEN (Beverwijk, Holanda 1500 – Bruselas, 1559) pintado entre los años 1530 y 1540 que pertenece al MUSEO DEL PRADO.

    El Padre Dios, con sereno rostro meditativo, observa directamente al espectador, parece decir: Aquí tenéis a mi Hijo, el amado, a quien os entregué de una vez para siempre; aquí tenéis a vuestro salvador, muerto en la cruz, a quien glorifico y en él a toda la humanidad.

    El Padre Dios sostiene en sus manos a Jesús muerto, al que vemos con las señales de los clavos en brazos y pies, limpio de sangre y con expresión de serena calma porque ya ha superado todo dolor y todo el camino de la cruz. En este Jesús estamos todos recogidos en el abrazo del Padre Dios.

    En lo alto, el Espíritu Santo en la figura de una paloma, parece coger impulso para iniciar un vuelo que, desde la divinidad, va a llegar a posarse sobre las cabezas de todas las personas que lo esperan como promesa y fuerza de misión.

    Las tres personas de la Santísima Trinidad están rodeadas de ángeles; seis más individualizados tienen con ellos los símbolos de la pasión, entre las nubes revolotean otros seis más propiciando una simbología del número doce como los apóstoles sobre los que se consolida el edificio de la iglesia; al mismo tiempo producen la sensación de movimiento y extensión de la Santísima Trinidad que, en rompimiento de gloria, se proyecta sobre el paisaje de la tierra.  

    Javier Agra.

  • 24 Mayo 2026. SOLEMNIDAD DE PENTECOSTÉS

    24 Mayo 2026. SOLEMNIDAD DE PENTECOSTÉS

    EVANGELIO JUAN 20,19-23

    Al anochecer de aquel día, el primero de la semana, estaban los discípulos en una casa, con las puertas cerradas por miedo a los judíos.

    Y en esto entró Jesús, se puso en medio y les dijo:

    «Paz a vosotros».

    Y, diciendo esto, les enseñó las manos y el costado. Y los discípulos se llenaron de alegría al ver al Señor.

    Jesús repitió:

    «Paz a vosotros. Como el Padre me ha enviado, así también os envío yo».

    Y, dicho esto, sopló sobre ellos y les dijo:

    «Recibid el Espíritu Santo; a quienes les perdonéis los pecados, les quedan perdonados; a quienes se los retengáis, les quedan retenidos».

    El evangelio de Juan presenta todos estos acontecimientos el mismo día de Pascua. Los acontecimientos se agolpan a velocidad de vértigo con las diversas apariciones de Jesús. Ahora ya no vemos al Señor con un título ambiguo, Señor es ya y será para siempre que el título que la fe da al Resucitado.

    Comenzamos viendo las puertas trancadas y los discípulos asustados; todo el temor será vencido con el saludo de la PAZ pascual, la duda y el desaliento desaparecen con la presencia corporal resucitada. Jesús atraviesa las barreras externas e internas de las personas.

    En el evangelio que leemos hoy, Juan 20, 19 – 23 reconocemos rasgos de una celebración eucarística: es el día del Señor, Jesús está presente en la Comunidad, reconcilia con su palabra y con el perdón, también recordamos la Pasión, está presente el don del Espíritu Santo.

    La PAZ es cumplimiento para siempre de las promesas del Antiguo Testamento y de las promesas de Jesús durante el tiempo de su vida. Jesús, el Cristo envía en misión a sus apóstoles y sus discípulos para prolongar su mensaje y su comunidad de vida tal como Él mismo fue mensajero del Padre, para tal misión tenemos la garantía del Espíritu Santo.

    El gesto de soplar sobre los que allí estaban reunidos recuerda la creación primera según Génesis 2, 7 o Sabiduría 15, 11; la resurrección de los muertos nos lleva al texto del profeta Ezequiel 37. Estamos ante la creación de la nueva humanidad, dotada del aliento del Espíritu en virtud de la Resurrección de Jesús, el Cristo.

    Para este Domingo de Pentecostés encontramos numerosas pinturas esculturas y aún retablos a lo largo de todos los tiempos. Yo aporto este pequeño RETABLO DE PENTECOSTES EN LA CATEDRAL DE CUENCA. Esta catedral de Santa María y San Julián se construyo a finales del siglo XII, no obstante tiene añadidos de los períodos del Renacimiento, del Barroco y aún del Neogótico. Nuestro pequeño retablo es renacentista. Aporto solamente el cuerpo central en sus tres calles. Bajo esta calle está solamente la predela, el cuerpo superior está ocupado por el entierro de Cristo y rematado con la crucifixión de San Pedro.

    La calle central del retablo está dedicada al episodio de Pentecostés. Vemos el cielo abierto a modo de cortinaje sujeto por ángeles que nos muestran el cielo en azul luminoso de donde desciende el Espíritu Santo en la doble simbología de paloma que desciende al cenáculo donde están reunidos los apóstoles con María en el centro de la escena.

    También el símbolo de las lenguas de fuego, símbolo del Espíritu Santo que está reservado para estos momentos en que desciende y se reparte sobre cada uno de los apóstoles. Este símbolo se repetirá en alguna ocasión cuando se expresa el bautismo de alguna persona en concreto, recordamos que en el bautismo de Jesús también el Espíritu Santo se posa sobre su cabeza en forma de paloma.

    Los ropajes de los apóstoles y aún el aire de la escena parecen anunciar y compartir esa sensación de viento fuerte de que hablará más tarde el libro de Los hechos de los Apóstoles. De entre dos apóstoles reunidos con María, podemos reconocer alguno de los evangelistas y escritores por el libro que sostienen en sus manos.

    Al fondo se abre la escena a unas edificaciones, pues la misión de los apóstoles será llevar la Buena Noticia de Jesús, el Cristo Resucitado a todas las naciones. Del Espíritu reciben la fortaleza, la sabiduría, la misión…

    En los paneles laterales encontramos a los dos Juanes, el Bautista a nuestra derecha y Juan evangelista a la izquierda.

    Javier Agra.