«Nuestro Salvador, en la última Cena, la noche en que fue entregado, instituyó el Sacrificio Eucarístico de su cuerpo y su sangre para perpetuar por los siglos, hasta su vuelta, el sacrificio de la cruz y confiar así a su Esposa amada, la Iglesia, el memorial de su muerte y resurrección, sacramento de piedad, signo de unidad, vínculo de amor, banquete pascual en el que se recibe a Cristo, el alma se llena de gracia y se nos da una prenda de la gloria futura».
Sacrosantum Concilum, 47
160. Después el sacerdote toma la patena o el copón y se acerca a quienes van a comulgar, los cuales de ordinario, se acercan procesionalmente.
No está permitido a los fieles tomar por sí mismos el pan consagrado ni el cáliz sagrado, ni mucho menos pasarlo de mano en mano entre ellos. Los fieles comulgan estando de rodillas o de pie, según lo haya determinado la Conferencia de Obispos. Cuando comulgan estando de pie, se recomienda que antes de recibir el Sacramento, hagan la debida reverencia, la cual debe ser determinada por las mismas normas.
161. Si la Comunión se recibe sólo bajo la especie de pan, el sacerdote, teniendo la Hostia un poco elevada, la muestra a cada uno, diciendo: El Cuerpo de Cristo. El que comulga responde: Amén, y recibe el Sacramento, en la boca, o donde haya sido concedido, en la mano, según su deseo. Quien comulga, inmediatamente recibe la sagrada Hostia, la consume íntegramente.
Durante los ocho primeros siglos se recibió la comunión generalizadamente con la mano abierta.
Desde entonces por veneración se hacía en la boca.
En la actualidad volver a la comunión en la mano acentúa la dignidad bautismal y sacerdotal de cada cristiano.
Desde 1976 en España quedó establecido que fuera el fiel el que optara por una de las formas, realizando el gesto con dignidad y respeto.
[92.] Aunque todo fiel tiene siempre derecho a elegir si desea recibir la sagrada Comunión en la boca, [178] si el que va a comulgar quiere recibir en la mano el Sacramento, en los lugares donde la Conferencia de Obispos lo haya permitido, con la confirmación de la Sede Apostólica, se le debe administrar la sagrada hostia. Sin embargo, póngase especial cuidado en que el comulgante consuma inmediatamente la hostia, delante del ministro, y ninguno se aleje teniendo en la mano las especies eucarísticas. Si existe peligro de profanación, no se distribuya a los fieles la Comunión en la mano. [179]
Redemptionis Sacramentum
Para comulgar en la mano con devoción
Recuerda que es Cristo mismo a quien estás recibiendo
El que comulga debe tener las manos levantadas y el corazón purificado.
Extiende las manos con las palmas hacia arriba y crúzalas para perpararle «un trono al Señor»
Recibe el Cuerpo de Cristo en la palma de la mano.
La comunión se recibe, no se «coge». Espera a que la depositen en tu mano.
Sin moverte del sitio, toma la Sagrada Hostia con los dedos índices y pulgar.
Cógela con cuidado, que no se caiga ni una partícula.
Acerca la Sagrada Hostia a los labios y tómala con reverencia delante del ministro.
Se debe comulgar en la presencia del ministro, y con el cuerpo hacia el altar