DOMINGO 8 DE NOVIEMBRE XXXII TIEMPO ORDINARIO
EVANGELIO MATEO 25, 1-13
En aquel tiempo, dijo Jesús a sus discípulos esta parábola:
Se parecerá el reino de los cielos a diez doncellas que tomaron sus lámparas y salieron a esperar al esposo. Cinco de ellas eran necias y cinco eran sensatas. Las necias, al tomar las lámparas, se dejaron el aceite; en cambio, las sensatas se llevaron alcuzas de aceite con las lámparas. El esposo tardaba, les entró sueño a todas y se durmieron.
A medianoche se oyó una voz: «¡Que llega el esposo, salid a recibirlo!» Entonces se despertaron todas aquellas doncellas y se pusieron a preparar sus lámparas. Y las necias dijeron a las sensatas: «Dadnos un poco de vuestro aceite, que se nos apagan las lámparas.» Pero las sensatas contestaron: «Por si acaso no hay bastante para vosotras y nosotras, mejor es que vayáis a la tienda y os lo compréis.»
Mientras iban a comprarlo, llegó el esposo, y las que estaban preparadas entraron con él al banquete de bodas, y se cerró la puerta. Más tarde llegaron también las otras doncellas, diciendo: «Señor, señor, ábrenos.» Pero él respondió: «Os lo aseguro: no os conozco.»
Por tanto, velad, porque no sabéis el día ni la hora.
PARÁBOLA DE LAS DIEZ VÍRGENES PITER VON CORNELIUS
He aquí una preciosa parábola comentada ampliamente por numerosos estudiosos de la Biblia de todos los tiempos desde los Santos Padres y desde diferentes perspectivas. No obstante la historia de la pintura no se ha proliferado en sus reproducciones.
Esta imagen, que hoy reproduzco, es del pintor alemán PETER VON CORNELIUS (Düsseldorf 1783 – Berlín 1867) que formó parte del movimiento de los nazarenos, grupo del romanticismo alemán que buscaba retomar la espiritualidad del arte cristiano medieval. Este cuadro que lleva por título “LAS VÍRGENES SABIAS Y LAS VÍRGENES NECIAS” lo pintó en 1813 y se conserva en el MUSEO DE ARTE CLÁSICO DE DÜSSELDORF.
Nuestra Santa Teresa Benedicta de la Cruz se sirvió de esta parábola en algunos de sus escritos sobre la dignidad de la mujer y la igualdad entre todas las personas pues, estas vírgenes, simbolizan a toda la Iglesia formada por personas iguales al ser todos miembros del Cuerpo de Cristo.
Me ha gustado especialmente el sermón 93 de San Agustín en torno a la parábola de las vírgenes prudentes y las vírgenes necias. Dice el santo que estas diez vírgenes simbolizan a toda la Iglesia a la que se llama virgen, pues todos hemos recibido y debemos conservar la virginidad del corazón que consiste en la incorruptibilidad de la fe. “A la Iglesia entera se la denomina virgen y pueblo de Dios… Luego las cinco vírgenes simbolizan a todas las almas que han de entrar en el Reino de Dios”
Las vírgenes son dos grupos de cinco, porque cinco son los sentidos o puertas de nuestro cuerpo por las que las cosas entran a nuestro espíritu y cada persona puede elegir entre la sabiduría y la necedad, entre la aceptación o el rechazo del Reino de Dios. “Si te encuentras entre aquellas cinco vírgenes que entran, no temerás que se cierren las puertas de Jerusalén y se aseguren sus cerrojos, tú ya habrás entrado; pero si tú eliges ser virgen necia, quedarás fuera y en vano llamarás”
San Gregorio Magno tiene hermosos textos para comentar esta parábola. Las vírgenes necias no son necesariamente personas de malas acciones; pero tienen su espíritu puesto en las recompensas de este mundo, su aceite se consume en el brillo y el oropel de las alabanzas que reciben de otras personas. Sus lámparas, que son sus obras, brillan un tiempo pero su llama decae y se apaga porque no se alimentan con el aceite interior. Dice San Gregorio Magno: “No reciben de Dios ninguna recompensa, puesto que han recibido ya de los hombres las alabanzas que querían”.
Cuando venga el esposo y todas las vírgenes, todas las personas, despertemos cinco prudentes tendrán las lámparas encendidas con el aceite de la fe, de las obras, de la vida engarzada en Dios Padre por Jesucristo y el Espíritu Santo y entrarán al Reino de los Cielos; las otras cinco, ya no encontrarán quien les adule en medio de la noche y su luz se habrá extinguido. “Faltarán las obras a las vírgenes necias, por no tener el aceite de la conciencia, y no encontrarán a quién comprar lo que solían venderles los aduladores” escribe San Agustín.
Por lo demás, todos hemos de vigilar siempre viviendo nuestra vida de modo responsable, valiente, perseverante… vida entregada en todo momento a la oración y a la acción constructiva del Reino de Dios hasta que se haga justicia, igualdad, libertad, PAZ para todas las personas y la naturaleza entera.
He aquí una pintura del romanticismo alemán que nos lleva, desde el primer instante en que la vemos, hasta el clasicismo del renacimiento. La figura de Jesús blanquísimo, casi transparente sale de la puerta del cielo como esposo que llega en la medianoche con todo el fulgor del brillante día definitivo de la resurrección. Tras él vemos diferentes figuras de la historia de la Biblia, ángeles y destellos que iluminan el espacio. San Pedro, con las llaves de abrir y cerrar las puertas del Reino de los Cielos en la mano, ha abierto la puerta para unir el cielo y la tierra en el día de la resurrección final.
Jesús mira con sonriente dulzura a las vírgenes que representan a la Iglesia entera. Los serenos rostros de las vírgenes que están ya definitivamente en la presencia del esposo están, en algún caso, resaltadas por la luz casi imperceptible de las lámparas; las lámparas han dejado de tener su función de iluminar el tiempo de espera, a partir de ahora ya tienen la luz definitiva que es Cristo.
Esta luminosidad serena, emocionada, de felicidad gozosa, contrasta con la escena casi tenebrosa del segundo plano que el pintor ha mostrado con las expresiones casi desgarradas de las cinco vírgenes a las que se les ha consumido el aceite en medio de la noche.
Javier Agra


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