DOMINGO XXV TIEMPO ORDINARIO
EVANGELIO MATEO 20, 1-16
En aquel tiempo, dijo Jesús a sus discípulos esta parábola:
El Reino de los Cielos se parece a un propietario que al amanecer salió a contratar jornaleros para su viña. Después de ajustarse con ellos en un denario por jornada, los mandó a la viña.
Salió otra vez a media mañana, vio a otros que estaban en la plaza sin trabajo, y les dijo: «Id también vosotros a mi viña, y os pagaré lo debido.» Ellos fueron.
Salió de nuevo hacia mediodía y a media tarde e hizo lo mismo.
Salió al caer la tarde y encontró a otros, parados, y les dijo: «¿Cómo es que estáis aquí el día entero sin trabajar?» Le respondieron: «Nadie nos ha contratado.» Él les dijo: «Id también vosotros a mi viña.»
Cuando oscureció, el dueño de la viña dijo al capataz: «Llama a los jornaleros y págales el jornal, empezando por los últimos y acabando por los primeros.»
Vinieron los del atardecer y recibieron un denario cada uno.
Cuando llegaron los primeros, pensaban que recibirían más, pero ellos también recibieron un denario cada uno. Entonces se pusieron a protestar contra el amo: «Estos últimos han trabajado sólo una hora, y los has tratado igual que a nosotros, que hemos aguantado el peso del día y el bochorno.» Él replicó a uno de ellos: «Amigo, no te hago ninguna injusticia. ¿No nos ajustamos en un denario? Toma lo tuyo y vete. Quiero darle a este último igual que a ti. ¿Es que no tengo libertad para hacer lo que quiera en mis asuntos? ¿O vas a tener tú envidia porque yo soy bueno?»
Así, los últimos serán los primeros y los primeros los últimos.
PARÁBOLA DE LOS TRABAJADORES DE LA VIÑA REMBRANDT
El evangelio no habla de justicia distributiva. Esta justicia distributiva, al modo humano, tal vez nos deja insatisfechos al comparar esfuerzo, resultados, proporciones. La justicia de Dios es dar a cada persona lo que necesita, desde su inmensa esplendidez.
Nosotros, seguidores de Jesús, estamos agradecidos de tener por “amo” al Padre Dios que nos entrega innumerables dones desde su liberalidad desbordada. Que nos entrega la libertad de construir el mundo para el progreso de todas las personas, de construir generosamente igualdad y paz.
Para acompañar la liturgia de este domingo, propongo como pintura “PARÁBOLA DE LOS TRABAJADORES DE LA VIÑA” de REMBRANDT (Leiden 1606 – Amsterdam, 4 de octubre 1669) pintura del año 1637 según consta en su firma de la parte baja derecha del cuadro que se conserva en el MUSEO HERMITAGE de SAN PERTERSBURGO.
La escena que nos ofrece el pintor corresponde al momento en que está dando la paga a los empleados que han ido a trabajar a la viña a distintas horas del día; cuando esperan una paga mayor los que fueron a primera hora, se encuentran con que la recompensa es para todos igual. La luz del atardecer entra por las vidrieras de la amplia sala, más que adornada, ocupada por multitud de libros y otros enseres de utilidad pedagógica y lúdica.
En el cuadro destaca la presencia solemne del dueño de las viñas en torno al que se agrupan los trabajadores de la viña recibiendo su jornal, también encontramos otros tres trabajadores que están apilando toneles de vino hacia uno de los extremos de la sala. Un gato juega acaso a perseguir a un ratón y un perro reposa sobre el suelo en un escalón donde el autor ha puesto la firma y la fecha de la autoría del cuadro que nos ocupa.
Acaso el perro y el gato son el compendio de la serenidad sosegada y del afán inquieto en que los humanos nos movemos constantemente. Tal se puede expresar en los rostros de los trabajadores que están recibiendo su salario, unos cuentan el dinero recibido y acaso lo comparan, otros se muestran inquietos y dubitativos ante el dinero que van a recibir.
Rembrandt describe los retratos con seguridad y decisión en una composición escénica del conjunto que permite al espectador adentrarse en la escena y participar del movimiento y de la conversación que parecen tener los personajes pintados. Pero ved, como en los expresivos rostros que nos muestra este magnífico pintor holandés, parece que se va a producir un movimiento expresivo, un semblante distinto cada vez que miramos la escena, de modo que el movimiento no se produce solamente por el entramado de luz, color, distribución de la escena, sino además por el estado de ánimo que aflora a los rostros.
Rembrandt pinta con una fuerza expresiva tal que parece que podamos tocar sus figuras, darles una cierta forma a nuestro gusto, moldear movimientos, conversar con los diferentes personajes de esta escena del pago del sueldo a los trabajadores de la viña.
Javier Agra.
Javier Agra.

